Percibir una joya arquitectónica desde una perspectiva enrejada, encerrada, resta belleza al objeto en el que se fijan los ojos o, en este caso, el visor de una cámara.
Fragmenta los detalles en miles de puntos y hace que no se pueda llegar a entenderlo tal y como el creador, en este caso el arquitecto, planteó.
Se podría decir, por tanto, que el arte, sea de la disciplina que sea, nace para ser observado en libertad, sin elementos que lo distorsionen.
Se podría decir, por tanto, que muchas de las obras que están al otro lado de una máscara, de unas rejas, de una barrera pierden parte (quizá mucho) de su significado.
Pero, a partir de esta iPhonegrafía, este tipo de afirmaciones las decimos sin sentirlo. Podemos apartar el teléfono, llevarlo al otro lado de la reja y percibir la obra con total libertad. Esa es la diferencia. Si, a lo mejor, le preguntásemos a una mujer afgana si siente lo mismo a través de su burka, nos podríamos encontrar con una respuesta diferente.
Es difícil, por no decir imposible, empatizar con ella. Es difícil ponerse en el lugar de una persona que lleva muchos años de su vida viendo las cosas de esta forma. Al fin y al cabo, el resultado de esta foto es, precisamente eso, una foto, un momento concreto congelado digitalmente. No es, en definitiva, la continua perspectiva de algunas personas de este mundo.
Texto: lucce
